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Kant: uso teórico y práctico de la razón.

1.- KANT Y SU MOMENTO HISTÓRICO. 
En la historia de la Filosofía, Kant es el autor más significativo de la cultura ilustrada. Entendió que la Ilustración significaba para la Humanidad lo mismo que para cada hombre significa superar la minoría de edad, es decir, la razón ya puede avanzar por sí sola sin necesitar autoridades que la tutelen. Sólo necesita la precaución de sujetarse a un método riguroso.
Por ello Kant es un filósofo de la razón, pero no un racionalista, al tener en cuenta la experiencia; consciente del enorme rendimiento que Newton obtuvo de ella en el ámbito de la ciencia.
A Kant le resultó tan fascinante la labor de Newton como la de todos los pensadores ilustrados (especialmente Hume). Para Kant la ciencia de Newton era un edificio perfecto y acabado que sólo le faltaba una fundamentación filosófica, especialmente gnoseológica, es decir, la explicación de la teoría del conocimiento que subyacía en el trabajo físico y matemático de Newton.
Sin embargo en Alemania, la labor de Newton chocaba con la tradición de Leibniz, en la cual Kant se había formado. Kant sin renegar de Leibniz le superó aceptando críticamente a Newton.
Conciliar Leibniz y Newton se encuadra en un problema más amplio típico del pensamiento ilustrado: La oposición entre racionalismo y empirismo. Ésta es la razón principal por la que definimos el pensamiento de Kant como ilustrado. A Kant no le satisface completamente ni una ni otra filosofía. El racionalismo salvaba el valor universal y necesario del conocimiento, pero se alejaba de la realidad por no admitir la experiencia. Por el contrario el empirismo había convertido el conocimiento del mundo en una creencia sin posible justificación racional.
Kant decide desarrollar una filosofía, que integrando lo mejor de una y otra, supere a ambas, y lo hace con una teoría que conceda su legítimo valor a la experiencia defendiendo la universalidad y necesidad del conocimiento científico.
Pero Kant es ilustrado también por no limitarse a la teoría del conocimiento. Su filosofía tratará los temas tradicionales de Dios, la naturaleza, la libertad del hombre, y la moral. Estos tres últimos típicamente ilustrados. Los dos grandes pilares del sistema de Kant son la naturaleza y la libertad. El primero tiene como modelo a Newton, y la teoría del conocimiento de Kant justifica ese modelo; y el segundo, más importante para Kant (su principal originalidad), es una ética basada en la libertad donde el hombre asume la responsabilidad de su propia vida.
2.- "CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA". TEORÍA DEL CONOCIMIENTO. 
2.1.- La revolución copernicana. 
Para Kant hay un error fundamental en el racionalismo y en el empirismo, que les impide dar una explicación satisfactoria al conocimiento y su validez científica. Ese error además lo han cometido todas las filosofías precedentes: Se ha creído siempre que en el conocimiento el sujeto debe acomodarse al objeto. Como los resultados son negativos hay que cambiar el planteamiento, haciendo que el objeto se acomode al sujeto. Este cambio es tan necesario como para la astronomía fue aceptar que no era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra sino al contrario (Copérnico).
Así pues, el sujeto (sus facultades y sus leyes) será el centro de la explicación y justificación del conocimiento, pero no se parece en nada al sujeto de Descartes, porque no posee ideas innatas. Por consiguiente necesita adquirir, por y desde la experiencia los contenidos de su conocimiento. Esto es empirista, pero Kant va más allá: La experiencia entrega materiales de conocimiento dispersos, que a lo sumo (siguiendo a Hume) se unen por leyes empíricas de asociación que carecen de universalidad y necesidad. Éstas son puestas por el sujeto al reducir a la unidad (a síntesis) la pluralidad dispersa que aporta la experiencia.
En conclusión, conocer objetivamente es para Kant sintetizar lo dado en la experiencia con lo puesto por el sujeto. Como el acto de síntesis se realiza en el juicio, hay que determinar qué es un juicio científico.
2.2.- Clasificación de los juicios. 
Kant distingue tres tipos de juicios, juicios analíticos, juicios sintéticos a posteriori y juicios sintéticos a priori.
Un juicio analítico es aquél en el que el predicado está contenido en el sujeto, obteniéndose dicho predicado del simple análisis de la comprensión del sujeto. Por ejemplo, el triángulo es un polígono de 3 lados es un juicio analítico, porque el predicado (polígono de tres lados) está contenido en la noción de triángulo. Estos juicios son siempre verdaderos, universales y necesarios, pero sin embargo no son científicos porque para que un juicio sea científico, además de universalidad y necesidad debe proporcionar un avance en el conocimiento y un juicio analítico nunca añade nada que no se conociera ya antes.
A los juicios analíticos se oponen los sintéticos que precisamente se caracterizan porque el predicado no está contenido en el sujeto sino que se añade o se une (sentido etimológico de la palabra síntesis). Un juicio sintético a posteriori es aquel en el que el predicado se añade al sujeto en virtud o por virtud de una o varias experiencias, por ejemplo, el limón es más ácido que las manzanas. Es evidente que amplia el conocimiento, luego son en un sentido científicos, pero carecen de universalidad y necesidad. Toda afirmación o todo juicio basado únicamente en la experiencia no puede ser ni universal ni necesario. Para tener un conocimiento científico tampoco sirven estos juicios. Los juicios sintéticos a priori son los auténticamente científicos, primero por ser sintéticos y segundo por ser a priori. Es decir, no fundan su valor en la experiencia, sino en algo independiente de ella. Ese algo será el fundamento de la universalidad de estos juicios científicos.
La "Crítica de la razón pura" tendrá como objeto de estudio los juicios sintéticos a priori, tratando de buscar qué saberes los utilizan, y pudiendo así establecer cuáles son verdaderas ciencias (la matemática, la física,...., la metafísica).
2.3.- Fenómeno y conocimiento. 
La filosofía moderna tras Descartes había perdido la confianza en poder conocer en sí mismas las esencias de las cosas. Conocer las cosas en sí mismas o esencialmente queda reservado a Dios, porque para crearlas debe conocerlas. El hombre tiene que contentarse con conocerlas como se le presentan, se le aparecen o se le manifiestan. Ese presentarse se llama fenómeno (tomado del griego). Nuestro conocimiento no va más allá de los fenómenos; lo que no significa que las cosas se reduzcan o sean sólo fenómenos. Se da por supuesto que hay "algo" mas allá de los fenómenos, algo íntimo y esencial que Kant denomina noúmeno, que proviene de "noúmenon", en griego lo pensado. Con esta distinción Kant quiere hacer ver que no conocemos las cosas tal como son en sí sino tal como se presentan para mí. Podemos pensar cómo son en sí (noúmeno) pero no podemos conocerlo.
Lo fenoménico de las cosas se me da originariamente en el conocimiento sensible, pero de una forma dispersa. Según Kant una especie de materia bruta, de sensaciones y percepciones, la cual no puede ser objeto de conocimiento. Según Kant, el objeto no se da al sujeto sino que éste debe constituirlo, en un complicado proceso por el cual llevamos a la unidad objetiva la pluralidad dispersa de sensaciones y damos forma a esa materia bruta. "Llevar a la unidad objetiva" o "dar forma" no lo proporciona la experiencia, sino el propio sujeto de conocimiento, para Kant, que es activo, unificador y conformante de la pluralidad que proporciona la experiencia sensible. Esta actividad del sujeto consiste en ese "algo" que permite elaborar juicios sintéticos a priori, es decir, unos elementos o leyes que están en el sujeto previos a la experiencia.
El propio Kant denomina al estudio del dinamismo del sujeto que conforma el objeto de conocimiento, filosofía trascendental1. Completa la "Crítica de la razón pura" haciendo el análisis crítico de los elementos a priori o trascendentales del sujeto y del carácter fundante o constituyente que esos elementos tienen en el proceso de convertir en objeto, los datos dispersos e informes de nuestra experiencia sensible.
2.4.- Facultades cognoscitivas. 
Kant distingue tres facultades de conocimiento, Sensibilidad, Entendimiento y Razón. A la Sensibilidad dedica la primera parte de la "Crítica de la razón pura", con el nombre de "Estética transcendental". Al Entendimiento corresponde la "Analítica transcendental" y a la Razón la "Dialéctica transcendental". Sensibilidad y entendimiento son facultades que conocen porque se ocupan de fenómenos, mientras que la razón no conoce, porque se ocupa del Noúmeno, (de las cosas en sí no hay conocimiento sino sólo pensamiento). Un ejemplo claro: Dios que no se ofrece sensiblemente, no puede ser por tanto un fenómeno, luego de Dios no hay propiamente conocimiento sino pensamiento. De él se ocupará la Razón.
Al analizar cada una de las tres facultades se pretende descubrir los elementos a priori, transcendentales, que cada uno aporta al conocimiento o, en el caso de la razón, al pensamiento.
a) Espacio y tiempo como formas a priori de la sensibilidad. 
La pluralidad de datos que aportan los sentidos comienzan a organizarse para llegar a constituir objeto del conocimiento en la propia sensibilidad. Esta organización objetiva es posible gracias a dos formas a priori que tiene la sensibilidad: espacio y tiempo. Está claro que para Kant, ni el espacio ni el tiempo son algo de las cosas, ni siquiera de las afecciones que nos producen las cosas, sino que son algo que pertenece, independiente de la experiencia, a nuestra facultad de sentir. Dicho de otra manera, nuestra sensibilidad está configurada a priori de una determinada forma para que estructuremos espacial y temporalmente las afecciones que provocan en nosotros las cosas. El espacio es la forma a priori de la experiencia externa y el tiempo de la interna. No son reales, son nuestras condiciones para organizar y unificar las afecciones sensibles. Las llama formas porque hacen ser objeto de la sensibilidad (eso y no otra cosa) a las afecciones sensibles (originariamente dispersas, caóticas, sin fondo).
Porque el espacio y el tiempo son formas a priori, pueden ser fundamento de universalidad y necesidad y por tanto fundamento de las ciencias: De las que se ocupan del espacio (geometría) y del tiempo (aritmética).
Por fin, el espacio y el tiempo son concebidos como intuiciones puras de la sensibilidad, en oposición a las intuiciones empíricas. La intuición empírica es sinónima de afección sensible (lo que se siente de inmediato). Una intuición pura es la inmune o no afectada de experiencia. Lo correcto es decir que son formas puras y a priori. Decimos a priori desde la perspectiva de la sensibilidad conociendo y decimos puro desde la perspectiva del filósofo que estudia la sensibilidad.
b) La imaginación. 
Entre nuestra facultad sensibilidad y nuestra facultad entendimiento se sitúa la imaginación, porque el entendimiento es el único capaz de formar juicios y para Kant, el objeto de conocimiento sólo se da propiamente en el juicio. Ha quedado claro que la sensibilidad no juzga, es una facultad sobre todo receptiva, mientras que el entendimiento es activo. La sensibilidad sólo inicia la reducción a unidad de la pluralidad dispersa, mientras que el entendimiento completa la unidad objetiva. Es evidente que hace falta un "puente" entre una y otra. La imaginación pone remedio a la heterogeneidad de sensibilidad y entendimiento participando en las características de ambas facultades, por eso puede recibir las intuiciones empíricas de la sensibilidad, informadas por el espacio y el tiempo para remitirlas al entendimiento, nivel último de la objetivación. Pero la imaginación no es sólo vehículo, tiene también un papel en el proceso de objetivación. Si la sensibilidad cuenta con formas a priori, la imaginación cuenta con esquemas transcendentales.
Los esquemas transcendentales son reglas de la imaginación por las que se sintetiza el material de las intuiciones sensibles con los conceptos del entendimiento. El propio Kant dice que el dinamismo transcendental de la imaginación, es un arte oculto en las profundidades del alma humana. Tiene que quedar claro que la imaginación obra una síntesis, una unificación de las intuiciones espacializadas y temporalizadas, porque de otro modo, no sería posible finalizar el proceso de conocimiento objetivo en el juicio.
c) El juicio objetivamente: entendimiento y categorías. 
Una vez estructurada, espacial y temporalmente la pluralidad dispersa de sensación mediante las formas a priori de la sensibilidad, y después unificadas con los esquemas transcendentales de la imaginación, hace falta el juicio (que corresponde al entendimiento), para conseguir auténtico conocimiento objetivo. El entendimiento también tiene sus formas a priori, llamadas categorías. Las categorías son conceptos puros, no empíricos, que posee el entendimiento al margen de la experiencia. Son las formas supremas de unidad del objeto, que cumplen su función en el juicio, al ser aplicadas a la materia fenoménica de la sensibilidad llegada a través de la imaginación.
Con el acto de juzgar, se determina objetivamente (universal y necesariamente) los fenómenos, es decir, se constituye el objeto propio del conocimiento. Ahora por fin, Kant ha dejado explicado el juicio sintético a priori. Este juicio cuenta con la experiencia (los fenómenos estructurados por la sensibilidad) y al mismo tiempo es universal y necesario porque se fundamenta en las categorías2 o conceptos a priori del entendimiento.
d) Dialéctica transcendental: las ideas. 
Hasta este momento, para exponer la teoría del conocimiento de Kant, hemos tenido en cuenta sólo dos partes (estética y analítica) de la "Crítica de la razón pura". La dialéctica pone de manifiesto la preocupación de Kant por la metafísica; en orden a determinar si es o no verdadera ciencia (si cumple las condiciones exigidas a los juicios que utilice).
Para Kant la metafísica se circunscribía sobre todo a los autores racionalistas y especialmente a Leibniz, en cuya tradición se formó. La metafísica racionalista se concentraba en 3 temas: el yo sustancial, el mundo como un todo y Dios. La pregunta entonces es clara. ¿Se pueden tener juicios sintéticos a priori sobre estos 3 objetos de conocimiento?. No, porque no hay intuiciones empíricas de los 3 temas.
Estos 3 temas no son objeto del entendimiento, sino de la razón, que para Kant es facultad de pensar y no de conocer. De la misma manera que conocemos mediante categorías, pensamos mediante ideas, tenemos ideas del yo, del mundo, y de Dios y no juicios sintéticos a priori en los que estas ideas sean sujeto o predicado.
Estas ideas no son inútiles o arbitrarias. El dinamismo del hombre, las hace necesarias: no nos basta con conocer, sino más allá, tenemos que pensar, para unificar mediante el pensamiento todos los conocimientos objetivos que permiten obtener las distintas ciencias. Necesitamos pensar en un fundamento de toda la variedad de fenómenos que conocemos o podemos conocer objetivamente.
La idea del yo comprende, como totalidad, el conjunto de fenómenos de nuestra experiencia interna. La idea del mundo es la totalidad que fundamenta el conjunto de fenómenos ajenos a la subjetividad y externos a ella. La idea de Dios es la totalidad que fundamenta de modo último todos los fenómenos. Es decir, tenemos que pensar, o mejor Dios tiene que ser pensado (no conocido, como tampoco el yo o el mundo).
Concluyendo, la metafísica racionalista tradicional no es ciencia. Es importante, pero no es ciencia. La razón es una facultad para pensar y es importante. El hombre sólo se desarrolla de modo integral, completo, conociendo y también pensando.
3.- CRÍTICA DE LA RAZÓN PRÁCTICA: ÉTICA. 
3.1.- La conciencia moral. 
El segundo ámbito de la filosofía de Kant está sobre todo dedicado a la libertad. La encontramos en su obra "Crítica de la razón práctica", libro precedido de otro también dedicado a la moral titulado "Fundamentación de la metafísica de las costumbres", que será completado a final de su vida por otra obra: "Metafísica de las costumbres".
De la misma manera que en la "Crítica de la razón pura" Kant parte de la existencia del hecho, en la "Crítica de la razón práctica" parte de otro hecho: existe conciencia moral. Para Kant es un hecho que el hombre actúa según principios o leyes que rigen una conducta moral. A estos principios Kant les llama imperativos, y son de dos tipos: hipotéticos y categóricos.
a) El imperativo hipotético 
Es un mandato que obliga universalmente siempre bajo una condición. Se caracteriza porque ordena la acción como medio para un fin, un ejemplo del propio Kant: "Si quieres ser un buen ciudadano paga los impuestos del Estado". Aunque sea un acto legal pagar tales impuestos, para Kant ese acto no es verdaderamente moral porque no tiene un fin en sí mismo, se hace a cambio de algo (p. ej.: para no ser perseguido por la justicia, para disfrutar de un bien social). Esto sería solo un acto legal. Para Kant entre el acto legal y el acto moral hay una diferencia, que el segundo obliga al sujeto a obrar únicamente por su voluntad, sin esperar a cambio ninguna recompensa, sin perseguir un fin, sin condición.
b) Imperativo categórico 
Es justamente lo contrario, un mandato que obliga universalmente sin condición alguna, es decir, un imperativo que ordena las acciones no como medios para alcanzar un fin, sino como buenas en sí mismas. El imperativo categórico se formula del siguiente modo: "Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre al mismo tiempo como principio de una legislación universal". Las características fundamentales del imperativo categórico son su necesidad y universalidad. Estas características se fundamentan en la voluntad misma, que para Kant es buena voluntad, aquella que actúa por deber y no por inclinación (imperativo hipotético).
El factor clave de la ética de Kant es por tanto el deber, pero con una peculiaridad, es un deber que se impone a sí misma la voluntad (autonomía), que no encierra ningún contenido material sino únicamente contenido formal, que hay que llenar (lo que hay que realizar).
3.2.- Autonomía de la voluntad: Ética formal. 
Todos los imperativos que están condicionados por deseos, inclinaciones o intereses no son morales en sentido estricto. Lo moral es el imperativo incondicional o categórico, lo cual significa que la voluntad se autoimpone. Este autoimponerse lo llamamos autonomía de la voluntad, frente a la heteronomía de la voluntad, propia de las voluntades condicionadas por contenidos materiales o sensibles.
Si una moral no exige contenido material a los principios que rigen la voluntad, se dice que es formal. Por ejemplo, las éticas basadas en el placer (hedonismo), o las éticas basadas en la búsqueda de la felicidad (eudemonismo), son éticas materiales. Lo que importa es el fin que se busca, mientras que la ética de Kant se basa en la forma de obligación de la voluntad, la cual se da a sí misma leyes que no tienen contenido, y por eso su ética es formal. Esto implica dos cosas:
1) Una ley formal es la que no se determina a partir de ningún objeto sensible, y por tanto no expresa ningún contenido empírico. Y 2), tales leyes se imponen sin condiciones, puesto que son pura forma de la voluntad manifestada en imperativos (categóricos).
3.3.- Postulados de la razón práctica. 
Sabemos en qué consiste la moralidad para Kant, pero necesitamos saber cuál es la condición que permite el ejercicio de la moralidad (primer postulado), y cuáles son las causas que nos obligan a obrar moralmente (segundo y tercer postulado). Para Kant postulado se define como proposición teórica no demostrable como tal sino solamente en cuando que depende de una ley práctica incondicionalmente a priori. Kant de esta manera regresa a la dialéctica trascendental, porque los postulados son precisamente ideas que se piensan, no se conocen como tales: libertad, inmortalidad del alma y existencia de Dios.
a) La libertad. 
Es condición sin la cual no es posible la moralidad. Una ley moral sólo puede obligar porque existe libertad. Pensar que existe ley moral es postular en ese mismo momento la libertad, es decir, presuponerla. En el ámbito de los fines del hombre, moralidad y libertad coinciden. No se puede exigir el imperativo categórico, y por lo tanto, la autonomía de la voluntad, si no se es libre.
b) La inmortalidad del alma. 
La voluntad libremente busca el bien. El máximo bien, o el bien supremo es aquel en el que coinciden virtud y felicidad, pero es un hecho de experiencia que en este mundo jamás se alcanza el bien supremo. Por lo tanto, hay que postular la inmortalidad del alma para que la razón práctica pueda alcanzar su fin incondicionado (categóricamente). La inmortalidad del alma se distingue de la libertad como la causa de la condición, es decir, más allá de la muerte se exigirá seguir siendo libres para alcanzar el bien supremo, mientras que por muy libre que se sea, es inalcanzable antes de la muerte.
c) La existencia de Dios. 
No es suficiente para alcanzar el bien supremo postular la inmortalidad del alma. ¿Puede el alma humana alcanzar un bien tan perfecto, cuando ella misma no es perfecta? Sólo la existencia de un Ser necesario, perfecto, al que llamamos Dios, es garantía que nos asegura la unión del alma y el Sumo Bien. Como en los postulados anteriores la realización de la ley moral exige la postulación del Ser necesario. Distinguimos este último postulado del anterior como las causas extrínsecas de las intrínsecas. Dios ejerce su causalidad desde fuera, para que el alma alcance el sumo bien, y la inmortalidad ejerce desde dentro del alma su causalidad.

Redacción

Información Adicional

NOTAS: 
1.- En sentido etimológico, lo que está por encima del mundo sensible; lo que supera el límite de lo sensible. Entre los escolásticos, los trascendentales son aquellos conceptos que, más allá de las categorías, se aplican a todo: verdad, bondad, unidad y belleza. El uso más conocido del término se debe a Kant, para quien trascendental es toda condición de posibilidad que sea necesaria, universal y a priori, y por lo mismo opuesta a empírico. Así, llama trascendental al conocimiento en cuanto se ocupa, no de los objetos conocidos, sino de las condiciones que en el sujeto hacen posible el conocimiento de objetos; es, pues, toda condición de posibilidad del conocimiento antes y más allá de todo conocimiento actual.
2.- Para Kant son los conceptos puros del entendimiento, o las formas a priori necesarias para pensar la experiencia; las fundamentales son, a su entender, sustancia y causalidad. La diferencia fundamental entre las categorías aristotélicas y las kantianas consiste, en primer lugar, en que las primeras se refieren primariamente a la realidad y a las cosas mismas, mientras que las segundas se refieren sólo a los fenómenos o a las cosas tal como el hombre las percibe y, en segundo lugar, en que las aristotélicas dependen de la naturaleza de las cosas, mientras que, en Kant, es la naturaleza o la experiencia lo que dependen de las categorías.

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