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Alienación e ideología en el pensamiento marxista. Adorno.

1.- INTRODUCCIÓN, EL POSTMARXISMO. 
Mientras el marxismo propiamente dicho es el contenido teórico y la actividad práctica desarrollados por Marx y, en cierto sentido, por Engels; las diversas interpretaciones que se han hecho de ésta obra han dado lugar a una diversidad de doctrinas, que podemos englobar bajo el término general de marxismos. Algunas de estas doctrinas han implicado nuevas elaboraciones teóricas, como el "diamat" soviético, nombre con el que se conoce el materialismo dialéctico; o síntesis como ell freudomarxismo (Freud/Marx) de Wilhelm Reich o Erich Fromm; e incluso se han dado uniones del marxismo con concepciones ideológicas contrapuestas a él, tales como unión del marxismo con el nacionalismo, o con la religión, en las teologías de la liberación, movimientos cristiano-marxistas, etc.
Estos marxismos se han desarrollado siguiendo los acontecimientos históricos concretos, especialmente a partir de las Internacionales obreras, y han dado lugar a diferentes "ismos", tales como: el leninismo, el trostkysmo o el estalinismo (nacidos a partir de la revolución rusa y de la ruptura con la segunda Internacional que marca la división entre socialismo y comunismo); el maoísmo, el castrismo, el guevarismo o el sandinismo (surgidos a partir de la aplicación de las teorías de Marx al tercer mundo) y, finalmente, al denominado marxismo "occidental" desarrollado por autores como Ernst Bloch, Karl Korsch, G. Lukács, H. Marcuse, H. Lefebvre, la Escuela de Francfort, A. Gramsci, J. P. Sartre y algunos estructuralistas como L. Althusser. En cualquier caso el marxismo sigue siendo una de las corrientes de pensamiento más influyentes de nuestra época, referencia básica del pensamiento del siglo XX.
2.- LA ESCUELA DE FRANCFORT. 
Esta es la denominación del grupo de filósofos alemanes, componentes del Instituto para la Investigación Social, o miembros colaboradores con el mismo. El Instituto, fundado en 1922, pretendía orientarse hacia estudios marxistas, pero bajo la dirección de Max Horkheimer, que sustituyó en 1931 al primer director, programó metódicamente investigaciones interdisciplinares de filósofos, sociólogos, economistas, historiadores y psicólogos, con predominio de la filosofía. El grupo primitivo, que publicó sus estudios en la Revista de Investigación Social, a partir de 1932, estaba constituido fundamentalmente por Horkheimer, director, Pollock, economista, Löwenthal, sociólogo de la literatura, Adorno, teórico de la música y esteta, Erich Fromm, psicólogo social y H. Marcuse, filósofo que posteriormente se interesó por el psicoanálisis. De ellos surgió la llamada "teoría crítica", núcleo filosófico de la Escuela. Mediante ella se pretendía, desde un renovado interés por una interpretación filosófica hegeliana de Marx, recientemente estimulada por la aparición de "Historia y conciencia de clase", de Georg Lukács, relanzar la teoría marxista como crítica a la sociedad capitalista, a la que pronto se añadieron las teorías de Freud aplicadas a la sociedad. Con la llegada de Hitler al poder, el Instituto, cuyos miembros eran en su mayoría de origen judío, se trasladó a Ginebra, luego a París y, finalmente, a la universidad de Columbia, en Nueva York. La primera obra colectiva, aparecida en 1936 en París, "Estudios sobre autoridad y familia", resaltaba la fuerte estabilidad de la sociedad burguesa y la escasa capacidad revolucionaria de la clase trabajadora que, en los análisis marxistas, debía desempeñar el papel de sujeto del cambio social. En 1947, la aparición en Estados Unidos de "Dialéctica de la Ilustración", obra conjunta de Horkheimer y Adorno, representa un cambio de postura respecto al marxismo, cuyo nombre ya se evita, aparece una clara falta de confianza en la posibilidades de la clase obrera como clase revolucionaria, y se insiste en la crítica a la razón instrumental, culpable de la dominación tecnológica y de la distanciación entre hombre y naturaleza. En 1949-1950 el Instituto publica "Estudios sobre el prejuicio", el más conocido dedicado a la "personalidad autoritaria". Las obras de E. Fromm y H. Marcuse representan la incorporación de las teorías del psicoanálisis a la teoría crítica. El pesimismo propio de la escuela de Francfort respecto de la liberación humana reaparece en "El hombre unidimensional" (1964), donde se afirma que la esperanza de la revolución está en manos de los que "carecen de toda esperanza". Marcuse ejerció, gracias a estas obras, una profunda influencia sobre los movimientos contestatarios de los años sesenta.
Cuando, a partir de 1948, Horkheimer, Adorno y Pollock regresan a Francfort, comienza la segunda etapa del Instituto, cuya filosofía se difundirá lenta y ampliamente por Alemania. En los años sesenta, tiene lugar la llamada "disputa del positivismo", en torno a la lógica de las ciencias sociales, entre Adorno y Popper, y Habermas y H. Albert. Tras la muerte de Adorno, en 1969 -la de Horkheimer ocurre en 1973- acaba la primera época de la escuela de Francfort; Jürgen Habermas es el principal representante de la segunda.
2.1.- La "teoría crítica". 
Expresión introducida por Max Horkheimer hacia 1937, en una serie de escritos, recogidos luego en "Teoría crítica", 2 vols., 1968, que aplica a lo que, tras las aportaciones sucesivas de Th. Adorno, H. Marcuse y J. Habermas, principalmente, será conocido como el núcleo filosófico de la escuela de Francfort, y que se expresa básicamente a través de críticas a autores y corrientes filosóficas.
Recurre Horkheimer a la expresión de "teoría crítica" para diferenciar su postura filosófica de la que implica la "teoría tradicional", basada ésta en un modelo de racionalidad meramente lógica que confía a la razón la principal tarea de concordar fines y medios, racionalidad que, a la larga, se ha mostrado destructora de sí misma y que merece el apelativo de "razón instrumental". Frente a ella, la teoría crítica plantea la racionalidad como una crítica a todas las formas de ideología y dominio que aparecen en la sociedad actual, históricamente derivadas de un concepto de razón (como instrumento) que, persiguiendo el dominio de la naturaleza, ha terminado por dominar al mismo hombre. La raíz irracional de esta razón, endiosada durante la etapa de la Ilustración, se ha mostrado de forma ostentosa a través de las diversos fascismos y nazismos del presente.
Es una teoría del conocimiento y, a la vez, una teoría de la sociedad, que se basa en una crítica marxista, no dogmática; recurre al método dialéctico de Hegel, entendido no idealísticamente, y atribuye a la razón una esencial dimensión práctica, por la que no sólo se transforma la sociedad sino que también se constituye el hombre. En el trasfondo de la teoría hay, además, profundas influencias de la filosofía clásica alemana: Kant, Schopenhauer, Dilthey, Nietzsche, Weber y Husserl. Se ha acusado a los diversos miembros de la escuela de Francfort de haber hecho, simplemente, reflexiones críticas acerca de la sociedad y de no haber desarrollado una concepción sistemática de la teoría crítica; de esta acusación se salva, no obstante, J. Habermas a quien se atribuye un proyecto de filosofía sistemática.
2.2.- La crítica a la sociedad contemporánea. 
La teoría crítica, con el evolucionar de la sociedad europea, primero será dirigida contra la sociedad de clases, y en un segundo momento hacia la sociedad de consumo y tecnológica.
Esta primera etapa más claramente marxista, sin embargo trata de salvar lo que el liberalismo democrático y el sistema capitalista aportan de positivo. Los principios de la Escuela pueden resumirse en: El sujeto y objeto de la historia es el proletariado; la sociedad está en tránsito del capitalismo al socialismo; la teoría marxista es la única capaz de conjugar el ideal proletario de justicia con el ideal liberal de progreso; y, como consecuencia, debe criticarse la sociedad capitalista que pone el objetivo prioritario en la producción, alienando al hombre considerado como mero productor. Esta critica debe concienciar al proletariado frente a los instrumentos totalitaristas, con una exigencia de autonomía que reivindique la inicitiva del individuo. Ya antes del exilio, en los años treinta, los integrantes de la Escuela se percataron de la incapacidad del proletariado para llevar a cabo esta tarea.
La segunda etapa es la de la constatación de que el proletariado ha desaparecido, subsumido en la clase media de postguerra, deseosa de mejora económica dentro del sistema capitalista, ajena a cualquier tipo de revolución. Además el marxismo ha sido desvirtuado por la práctica totalitaria de los regímenes comunistas, donde se ha perdido el ideal de justicia y se ve con envidia el progreso de "occidente", representado por el aumento de la produccción de bienes de consumo. La teoría crítica se centra, entonces, no en reivindicar la individualidad responsable del proletariado, sino de todos los hombres que sufren un proceso de despersonalización independientemente de su posición económica, provocado por la sociedad de consumo y tecnológica. Así la crítica se centra en:
1.- Hegel y Heidegger, por dar prioridad a un absoluto (Idea, o Ser) frente al individuo.
2.- La imposición positivista a la sociología de los métodos propios de las ciencias de la naturaleza. La sociedad no es un objeto de la naturaleza y tiene sus propias características.
3.- Marx, que hunde al individuo en el proceso histórico.
4.- Los fascismos que anulan la individualidad en un ideal irracional absurdo.
5.- La técnica, que deje de ser instrumento de liberación, para convertirse en fin creador de necesidades que despersonalizan anulando la iniciativa individual.
3.- THEODOR WIESENGRUND ADORNO. 
Es uno de los filósofos postmarxista, (además de sociólogo, crítico literario, musicólogo y hasta compositor), más representativo de la primera generación de la Escuela de Francfort, o de la teoría crítica. Colaborador principal de Horkheimer, fue director de Instituto de Investigaciones Sociales, al regreso del exilio. Puede resumirse su pensamiento cronológicamente como sigue.
La primera de sus obras importantes, "Dialéctica de la Ilustración", escrita en colaboración con Horkheimer, durante la guerra, es una crítica a la razón instrumental, concepto fundamental de este último autor, o, lo que es lo mismo, una crítica, fundada en una interpretación pesimista de la Ilustración, a la civilización técnica y a la cultura del sistema capitalista (que llama "industria cultural"), o de la sociedad de mercado, que no persigue otro fin que el progreso técnico. La actual civilización técnica, surgida del espíritu de la Ilustración y de su concepto de razón, no representa más que un dominio racional sobre la naturaleza, que implica paralelamente un dominio (irracional) sobre el hombre; los diversos fenómenos de barbarie moderna (fascismo y nazismo) no serían sino muestras, y la vez las peores manifestaciones, de esta actitud autoritaria de dominio.
En "Dialéctica negativa" intenta mostrar el camino de una reforma de la razón, con el fin de liberarla de ese lastre del dominio autoritario sobre las cosas y los hombres, que arrastra desde que es razón ilustrada. Se opone a la filosofía dialéctica inspirada en Hegel -y, por tanto, al marxismo-, que reduce a sistema las cosas a través del pensamiento; y al positivismo lógico, que cree adueñarse de la naturaleza mediante las teorías científicas. Propone el método dialéctico de la "no identidad", de respetar la negación, las contradicciones, lo diferente, lo disonante, lo que llama también inexpresable: el respeto del objeto, en fin, y el rechazo del pensamiento sistemático. La razón sólo deja de ser dominadora si acepta la dualidad de sujeto y objeto, interrogando e interrogándose siempre el sujeto ante el objeto, sin saber siquiera si puede llegar a comprenderlo.Este aspecto de admisión de lo irracional (lo verdaderamente irracional es pensar según las categorías tradicionales que reafirman las estructuras sociales injustas) le lleva a valorar el arte, sobre todo el vanguardista, porque supone una independencia total respecto de lo que representa la razón instrumental. En el arte ve un reflejo del mundo real.
3.1.- La desintegración del individuo ético. 
La desintegración del individuo ético es su particular manera de expresar lo que más arriba ya hemos descrito para la Escuela de Francfort, y que puede resumirse en cinco puntos.
1.- El totalitarismo ha eliminado la iniciativa del individuo, que dominado por la ideología y la masa se rinde a la manipulación, por faltarle responsabilidad.
2.- La falta de responsabilidad personal está identificada entre los pensadores y artistas que se sienten ausentes, sin protagonismos, espectadores de la despersonalizavión.
3.- La sociedad capitalista también integró al individuo en su sistema, eliminando la autonomía del primer liberalismo: "lo que la libertad ha producido se convierte en negación de la libertad". 
4.- La razón y la ciencia se han convertido en instrumentos de dominación, de la naturaleza y la técnica; no por exigencias de éstas, sino, al contrario, porque la técnica y el dominio son fin que instrumentaliza a la razón.
5.- Los autores, que parecerían más alejados de este proceso (Kant, Hegel, Heidegger o Marx, por ejemplo) han contribuido a la despersonalización, al proponer de diferentes modos un moral "universal" que sustrae al individuo de su particularidad.
3.2.- La propuesta superadora. 
Del mismo modo la propuesta de Adorno frente a lo anterior podemos expresarla en un resumen de seis puntos.
1.- Recuperar el principio de individuación, entendido socialmente. El hombre debe encontrar en sí mismo su razón de ser y de su vida, pero no aislado, sino responsablemente activo para evitar el aislamiento que promueve la sociedad de consumo y evitar la anulación personal.
2.- Recuperar el valor del imperativo categórico kantiano, llenándolo de contenido social. La moral debe contar con los demás, valorando la renuncia, cierto ascetismo, que libera de la superabundancia que proporciona la sociedad de consumo.
3.- Recuperar el valor de los ideales, "lo que queda por hacer", reconociendo la contradicción entre ellos y la realidad. Este es el sentido de "lo negativo", aquello que falta por alcanzar, la utopía que no anula sino que anima, mueve a participar.
4.- Salvar y cuidar lo particular, la iniciativa y creatividad personal. Aquí adquiere el arte una función liberadora, para la que antes debe él mismo liberarse de las ideologías e intereses comerciales.
5.- Luchar por la defensa de la autonomía. La filosofía no debe proponer ideales universalistas, ni comprender la totalidad, sino debe ser el instrumento que defienda la autonomía y la libertad, haciendo reflexionar al hombre sobre el mundo y sus sentidos.
6.- Comenzar una nueva Ilustración, al contrario de la clásica que buscaba ideales colectivos, invite a pensar y hacer "por cuenta propia", con responsabilidad personal.

Redacción

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