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La fenomenología existencial. Merleau-Ponty.

1.- CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA FENOMENOLOGÍA. 
En sentido general y etimológico, fenomenología significa la descripción de lo que aparece a la conciencia, el fenómeno. El uso filosófico del término lo inicia J.H. Lambert (Nuevo Organon, 1764), como "doctrina de la apariencia", o del verdadero conocimiento sensible, en oposición a "la doctrina de la verdad". Hegel ahonda el sentido del término y lo aplica al camino vivencial que recorre la conciencia hasta llegar al saber absoluto o ciencia; lo describe como el "devenir de la ciencia en general o del saber". Pero, en sentido propio se entiende por fenomenología la teoría filosófica de Edmund Husserl, tal como la presenta sobre todo en "Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica" (1913), y de sus continuadores. Sus teorías se difunden por Francia y otros países, adhiriendose a la fenomenología Sartre, M. Merleau-Ponty, entre otros. En su orientación clásica, tal como la entiende Husserl, que la llama fenomenología trascendental, es el método que permite describir el sentido de las cosas viviéndolas como fenómenos de conciencia. Lo concibe como una tarea de clarificación para poder llegar "a las cosas mismas" partiendo de la propia subjetividad, en cuanto las cosas se experimentan primariamente como hechos de conciencia, cuya característica fundamental es la intencionalidad. No se trata de una descripción empírica o meramente psicológica, sino trascendental, esto es, constitutiva del conocimiento, con sentido, de lo experimentado. El método fenomenológico se lleva a cabo según una sucesión de pasos; los más importantes son los siguientes:
1.- Reducción fenomenológica: consiste en "poner entre paréntesis", a modo de una suspensión de juicio (epokhé), lo que Husserl denomina la "actitud natural": creencia en la realidad del mundo, cuestionamiento de si lo percibido es real, supuestos teóricos que lo justifican, afirmaciones de las ciencias de la naturaleza, etc. El resultado de esta reducción es que no queda sino el "residuo fenomenológico", a saber, las vivencias o fenómenos de la conciencia, cuya estructura intencional presenta dos aspectos fundamentales: el contenido de conciencia, nóema, y el acto con que se expresa este contenido, nóesis.
2.- Reducción eidética: la realidad fenoménica, por una libre consideración de todas las posibilidades que la razón descubre en ella, pierde las características individuales y revela una esencia constante e invariable. La razón pone entre paréntesis todo lo que no es fenómeno y, del fenómeno, todo lo que no constituye su esencia y su sentido, su forma o su idea (eidos): intuición o reducción eidética. La ciencia de estas esencias, y su descripción, es la tarea fundamental de la fenomenología.
3.- Reducción trascendental: resultado de la reducción fenomenológica no es sólo la aparición de "lo que se da a conocer a la conciencia" (nóemas), sino también el que todo "es conciencia" (nóesis); esta unidad de nóema y nóesis configura la unidad de conciencia, la subjetividad o el sujeto trascendental. De esta conciencia trascendental, surge el mundo conocido.
4.- Mundo e intersubjetividad: en la misma conciencia está ya presente el mundo, porque de la misma manera que no hay conciencia sin sujeto tampoco la hay sin mundo. La fenomenología lleva metódicamente al descubrimiento y análisis de los objetos del mundo y de los demás. Los otros, inicialmente también puestos entre paréntesis, como sujetos conscientes, son con los que construimos el sentido del mundo para todos nosotros.
La fenomenología no es simplemente un método para abandonar la actitud natural; Husserl la considera la "ciencia de las esencias", identificada con un idealismo trascendental. El logro de la filosofía como "ciencia estricta" Por ello es, como sucede con la filosofía trascendental de Kant, no sólo una crítica del conocimiento, sino también una fundamentación del saber. Esta ciencia a priori de todos los conceptos fundamentales puede considerarse, en opinión de Husserl, el fundamento de las demás ciencias y la ciencia universal que buscaba Descartes.
2.- MAURICE MERLEAU-PONTY. RESUMEN DE SU PENSAMIENTO. 
Este filósofo francés se encuentra incluido en la corriente fenomenológica y existencialista, con dedicación al análisis de la percepción. Pero más allá de las usuales interpretaciones psicológicas considera que el análisis fenomenológico revela que la percepción es una síntesis, más práctica que intelectual (lo que le acerca a Bergson y a los pragmatistas), razón por la cual ninguna verdad es absoluta ni intemporal. La percepción es la relación entre la conciencia y el mundo y, por tanto, mediatizada por esta relación. La percepción es percepción de objetos, y en ella está involucrada la estructura entera del organismo: los sentidos son las diversas formas de estructuración de que dispone un organismo. Además, en cuanto que el cuerpo es el que constituye la inserción de la conciencia en el mundo, y el lenguaje es su instrumento, estas nociones de cuerpo y lenguaje, entendidas desde la fenomenología de la percepción, pasan a ser los conceptos centrales de su investigación.
En el año 1945 es nombrado maestro de conferencias en la Universidad de Lyon, y ya había recibido muchas influencias marxistas. Esta conjunción entre marxismo y existencialismo le acercó a Sartre, con el que fundó, junto con Simone de Beauvoir, la revista Les Temps Modernes (1945), y le encaminó hacia el partido comunista. Se enfrentó a las corrientes cientifistas e idealistas, y sostuvo que, de la misma manera que el mundo nos determina, solamente hay mundo por nosotros. Por esta época se centra en el análisis de la noción de alienación, pero también del que sería su enfoque de las relaciones entre alma y cuerpo. Con el acceso a la cátedra del Collège de France, la misma que había ocupado Bergson, coincide el abandono de su militancia política en el partido comunista, tras el conocimiento de las atrocidades del estalinismo y a la ausencia de crítica por parte de los órganos de dirección del partido comunista francés, que seguía la disciplina marcada por los soviéticos. Siguió considerando que el marxismo, más allá de las falsas y dogmáticas interpretaciones que de él hacían los partidos comunistas, seguía siendo una importante teoría para la acción política.
En 1955, debido a esta toma de posición crítica con el marxismo, rompe con Sartre y abandona la revista que habían fundado, defendiendo la tesis según la cual, aunque el filósofo debe estar comprometido con su tiempo y con los problemas sociales, no puede encasillarse en ningún partido o Iglesia que defienda la posesión de la verdad, y reivindica el papel crítico de la filosofía. No obstante, las diferencias entre ambos autores no eran solamente de índole política, sino que arrancaban de una distinta interpretación de la ontología. En esta discrepancia se muestra uno de los temas centrales del pensamiento de Merleau-Ponty: la relación entre el hombre y el mundo, entendidos como relación entre conciencia y naturaleza. Radicalmente opuesto a todo dualismo, rechaza no sólo el dualismo psico-físico, sino también el dualismo sartriano entre lo en-sí y el para-sí, a la que calificaba de nueva forma de dualismo cartesiano entre res extensa y res cogitans.
Merleau-Ponty defendía, que el lugar de la existencia es la experiencia de la percepción, donde sujeto y objeto forman una relación dialéctica de coimplicación que va más allá del materialismo y del idealismo, es decir, de las clásicas soluciones al dualismo psico-físico. Rechazó tanto la concepción de la conciencia como interioridad, como la del cuerpo como cosa. Mente y cuerpo forman una unión que se expresa en distintos niveles de comportamiento: el hombre es conciencia y cuerpo. Y esta relación entre conciencia y cuerpo, entre hombre y mundo, no es la relación de un sujeto con un objeto. Para él, el "yo pienso" se funda en un primer "yo percibo". Con ello, Merleau-Ponty rechaza la noción clásica del sujeto.
Por otra parte, tampoco concibe el cuerpo como un mero objeto, sino que es mi punto de vista sobre el mundo, y la condición de posibilidad de la espacialidad, la primera condición de toda percepción. El sujeto que percibe no es propiamente un ser material o espiritual, es más bien un modo de ser que es fundador de todo ser. El sujeto queda concebido como principio de constitución que, mediante la percepción, puede superar lo meramente dado y trascenderlo.
2.1.- Noción de comportamiento. 
La definición de hombre como ser en el mundo puede ser explicada, desde el idealismo o desde el positivismo, en sentido general. Desde el idealismo el yo configura la realidad, acomodándola al pensamiento. Desde el positivismo la relación se invierte, la realidad configura al yo, influido y condicionando por su modo de percibir, situación económica, social, política, etc. Para Merleau-Ponty ninguna de las dos soluciones explica la complejidad del sujeto humano, y, recurriendo a la noción de comportamiento, considera lo humano como una relación biunívoca entre el yo y el mundo. No hay preponderancia ni de uno ni de otro en el concepto de hombre.
El comportamiento humano es la construcción significativa de su mundo, a partir del mundo en que vive. En oposición a los animales, cerrados en los instintos, el hombre está abierto al mundo, es libre. Desde este planteamiento, surge la cuestión: ¿dónde y cómo se expresa el comportamiento humano?, ¿a través del alma o del cuerpo?
2.2.- La subjetividad. 
El cuerpo es la expresión del comportamiento, pero no entendido como una parte de la dualidad clásica alma-cuerpo, sino, desde el punto de vista fenomenológico, expresión de la subjetividad.
Esta conclusión es el resultado de:
1.- una reducción fenomenológica o suspensión del juicio que proporciona sobre el cuerpo la tradición platónica-cartesiana, puro añadido al pretendido verdadero ser del hombre, el espíritu; y,
2.- otra reducción o suspensión del juicio que concibe el cuerpo como una suma de partes, descritas por la anatomía, la fisiología, o la propia percepción psico-física que tenemos de él.
Así resulta una descrpción del cuerpo como realidad significante, que otorga sentido. La percepción proporciona una experiencia integral de los movimientos corporales, un esquema corporal, mucho más allá de la simple suma de partes.
En el mismo sentido distinguimos entre ocupar una posición, como ocupan posición los cuadros en una pared, y el auténtico estar situado; el cuerpo se situa en el mundo, constituye su punto de referencia intencional (se dirige hacia él). Por esta naturaleza del cuerpo que describimos, los gestos, las palabras, los silencios, los actos, abren un campo inagotable de intencionalidades.
2.3.- El mundo. 
El mundo no es, de este modo, el receptáculo de las cosas, sino el ámbito en el que vivimos. No es la representación de un conciencia, sino aquello que percibo y vivo, entrando en relación con los otros a través de la corporalidad.
Así se configura una nueva subjetividad, que ni es simple conciencia, sino conciencia corporeizada, que se caracteriza en la acción en el mundo con y por los otros. El mundo no es un conjunto de partes yuxtapuestas, es el lugar donde se desarrollan comportamientos. Existe ahí para mí, sin poder agotar su comprensión, porque el sujeto que percibe, sujeto situado, no puede desligarse y objetivar el mundo. El mundo es el lugar de la verdad. La máxima fenomenológica, "volver a las cosas mismas", se resuelve en volver al mundo como fuente de verdad. El origen de la verdad se contesta en la pregunta sobre el sentido del mundo.
3.- CONCLUSIÓN. 
Toda la obra de Merleu-Ponty es un intento humanista por recuperar una visión humana del mundo, alejada de la objetividad que proporciona la visión cientifista, que reduce todo a procesos físico-químicos. Hay, entonces, una recuperación de la metafísica como quehacer. Emparentada con otros quehaceres humanos (literatura, pintura, etc.), que nos acercan a una visión del mundo.
La filosofía como constante búsqueda de la verdad, consiste en aprender a ver el mundo. Descubrir su sendido, lo que puede darse tanto en un cuento infantil, un mito clásico, o un enorme tratado filosófico. La filosofía no es el discurso sobre una verdad previa, o meramente objetiva, sino como en el arte, la búsqueda, la permanente realización de la verdad.

Redacción

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