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La filosofía española contemporánea. Ortega y Gasset.

1.- OBJETO Y MÉTODO DE SU FILOSOFÍA. 
Probablemente el filósofo español contemporáneo más influyente hasta los años setenta u ochenta de este siglo, pues tanto su pensamiento como su estilo marcaron decisivamente la filosofía española de la posguerra. Esta influencia se ha ejercido tanto a través de sus muy numerosos discípulos como, especialmente, porque el mismo vocabulario filosófico y muchos rasgos estilísticos de la filosofía escrita en castellano se han inspirado en él.
Aunque su obra no es sistemática, ni tiene voluntad de sistema, se puede estructurar a partir de lo que se ha llamado su perspectivismo y su raciovitalismo, tesis que permiten situar su pensamiento dentro de las coordenadas generales del llamado "vitalismo" europeo. A pesar de ello Ortega se anticipó a muchas de las concepciones de estos pensadores alemanes, de la misma manera que también anticipó algunos de los rasgos del pensamiento existencialista. La filosofía es algo vital, un afán de entender, un conocimiento del Universo (cuanto hay). El objeto no es la existencia privada de las cosas, sino la totalidad de cuanto hay: las cosas que acaso hay, las que creemos erróneamente que hay, y las que podemos estar seguros de que las hay.
El método es el "asedio filosófico", circular alrededor de un tema, para tratarlo y volverlo a tratar desde contextos distintos para profundizar en él. Se exige, autonomía (no partir de creencias previas), pantonomía (tratar de entender el universo entero, cada cosa en función de éste), y esencialidad (búsqueda del dato radical, el ser de las cosas).
2.- RESUMEN DE SU PENSAMIENTO. 
Suelen distinguirse dos etapas en la obra de Ortega, aunque esta división no supone ninguna ruptura, sino que más bien expresa una continuidad en la que lo único que cambia son los centros de interés. En la primera etapa, Ortega, se distanció del neokantismo de sus maestros de Marburgo, rechazó la herencia del idealismo, aunque también se opuso al realismo. A éste le reprocha su ingenuidad, su creencia en lo "dado"; al idealismo, le reprocha también el que, en el fondo, siga siendo realista, ya que sigue considerando las ideas como cosas, y las piensa como "entidades", como cosas fijas y plenamente constituidas. La superación del punto de vista del idealismo se efectúa, según Ortega, partiendo del dato fundamental que es el de "mi vida". Por otra parte, también se opuso a la tesis idealista según la cual las cosas se deben acomodar a las funciones del pensamiento. Aunque es cierto que el realismo ha conducido a la razón a buenos resultados en el estudio de la realidad natural, fracasa cuando ha de entender al hombre, ya que el hombre no es una cosa, el hombre no tiene naturaleza sino sólo historia. Es preciso volver a pensar radicalmente, fuera de los esquemas del realismo y del idealismo. Para ello hay que preciso pensar la realidad realmente radical que es la vida, ya que tanto la misma naturaleza como el intelecto son relativos a ella. La vida reúne en sí misma ambos aspectos: intelecto y naturaleza. Pero la razón capaz de pensar esta realidad radical que es la vida no puede ser la razón pura; no puede ser la razón mecánica ni la razón físico-matemática, sino que ha de ser la razón vital.
Esta posición sustenta que ningún saber concierne directamente a las cosas mismas, sino a nuestra actitud hacia ellas y, por tanto, Ortega rechaza la creencia en un ser en sí de las cosas independientemente de nosotros. De esta manera afirma que el ser de las cosas debe entenderse a partir de su relación con nosotros. Por ello concibe el saber como un "saber a qué atenerse". Esta reivindicación de la vida no debe entenderse a la manera irracionalista que aboga por unos oscuros instintos o impulsos, sino que la vida debe entenderse como realidad radical, y el raciovitalismo como una teoría de la realidad. Pero, y ahí es donde enraíza el perspectivismo orteguiano, esta unidad que engloba en sí la naturaleza y el intelecto se nos aparece siempre en perspectiva. El ser del mundo no está dado, sino que es siempre perspectiva. La perspectiva aparece así como una condición epistemológica para captar la auténtica realidad: "donde está mi pupila no hay ninguna otra". El Yo y el mundo forman una totalidad concreta e indivisa, cuyo núcleo es la vida del hombre. La vida humana no es cosa, ni materia, ni esencia, ni es algo dado; el hombre no es una res cogitans, sino una res dramática; un "drama", una unidad dramática de Yo y mundo, es decir, del Yo y su circunstancia: "yo soy yo y mi circunstancia". Pero, aunque el ser del mundo es perspectiva y el Yo es circunstancial, ello no aboca en absoluto al mero relativismo. Para evitar tal posibilidad Ortega intentará conciliar la multiplicidad de perspectivas en la unidad de la verdad, lo que le conduce a la reflexión sobre la historia. Por ello, la razón vital es fundamentalmente razón histórica, ya que la circunstancia es siempre circunstancia histórica concreta, y el Yo es siempre un ser que se encuentra en el mundo, que se caracteriza por su temporalidad. Un Yo que es proyecto, futurización, en su circunstancia concreta.
En consonancia con esta caracterización del raciovitalismo como razón histórica (término que había sido creado por Dilthey) se abre la segunda etapa de su pensamiento, en la que predominó la interpretación de la historia y de la sociedad. El hombre no tiene naturaleza, tiene historia, y esta dimensión histórica es el órgano por el que el hombre se puede conocer a sí mismo. Estas tesis Ortega las formula en obras como ¿Qué es la filosofía?, 1958; La idea de principio en Leibniz, 1958, y Origen y epílogo de la filosofía, 1960. De esta época procede la famosa teoría orteguiana de las generaciones, y una de las obras que más influencia han tenido: La rebelión de las masas (1930).
3.- PERSPECTIVISMO. 
Si la perspectiva es la construcción de una imagen en función del punto de vista del observador, el perspectivismo, como concepción filosófica, supone que toda representación es dependiente del sujeto que la constituye. Nietzsche defiende una posición perspectivista que concibe como articulación entre conocimiento y necesidades vitales. Esta tesis se funda en una concepción del ser entendido como devenir (en el que no existen verdades absolutas, pues toda verdad es interpretación), y del conocimiento entendido desde el punto de vista de su unión con las necesidades vitales.
En cierto sentido la Monadología de Leibniz es un perspectivismo (cada mónada es una perspectiva del universo), por ello Ortega cita este texto de Leibniz: "una misma ciudad mirada desde diferentes lados parece completamente distinta y se multiplica perspectivamente [...] hay diferentes universos que, no obstante, son perspectivas distintas de uno solo, según los puntos de vista de cada mónada". La realidad, pues, se ofrece en perspectivas individuales: "donde está mi pupila no está otra". El ser del mundo no está dado de una vez para siempre, sino que siempre es una perspectiva que aparece así como una condición epistemológica para captar la auténtica realidad. Este perspectivismo permite a Ortega superar tanto el escepticismo como el racionalismo. Además, la perspectiva no aparece desde un punto de vista abstracto, ya que el Yo no es algo dado, sino una unidad dramática de Yo y Mundo, es decir, "vivir es no tener más remedio que razonar ante la inexorable circunstancia". La circunstancia y la perspectiva se articulan permitiendo el acceso a la verdad.
3.1.- Crítica al realismo. 
El realismo, en tanto que insiste en cómo el yo centra la atención en las cosas que le rodean, y éstas impiden que el yo se dé cuenta de sí mismo, es una ingenuidad filosófica. El sujeto no es un trozo más de realidad, que recibe impresiones, sino que las selecciona, las vive.
3.2.- Crítica al idealismo. 
La opción contraria, la sustancialidad del pensamiento y la conversión del yo en el dato radical del Universo, es más extensamente criticada por Ortega. El pensamiento no es independiente de las cosas, no es sustancia pensante, porque no hay yo que piense sin pensamientos y así no cumple la definición de sustancia (lo que no necesita de otro para existir). La sustancia como sujeto permanente de los accidentes, también contradice al idealismo, que entiende, erróneamente, el yo pensante permanente, frente a lo que piensa (sus accidentes). No hay pensamiento que consista en pensar sin lo que de hecho piensa. La crítica de Ortega al idealismo, según él mismo, se hace porque el idealismo va contra la vida, y esta crítica es la tarea intelectual y la reforma radical de la filosofía, que hace ver el ser como algo inventado por el hombre, no una realidad (la realidad, lo que hay, es anterior al ser), sino una interpretación de lo que es incompleto (lo que hay, la realidad en devenir). El idealismo es un extremo de un dilema falso (sólo las cosas o sólo yo). Somos el Mundo y Yo, o Yo con las cosas: la vida.
4.- RACIOVITALISMO. 
Ortega y Gasset, como Nietzsche critica la dictadura de una razón abstracta en el mundo occidental de origen socrático, sustenta que ni debemos aceptar el unilateral punto de vista del vitalismo, ni tampoco el no menos unilateral del racionalismo. Es decir, no podemos reducir lo humano a mero fenómeno biológico, pero tampoco podemos aceptar una razón que ha suplantado la vida y ha puesto ésta en función de aquella: "La razón pura no puede suplantar a la vida: la cultura del intelecto abstracto no es, frente a la espontánea, otra vida que se baste a sí misma y pueda desalojar a aquélla. Es tan sólo una breve isla flotando sobre el mar de la vitalidad primaria. Lejos de poder sustituir a ésta, tiene que apoyarse en ella, nutrirse de ella como cada uno de los miembros vive del organismo entero". Para superar los dos polos mencionados del mero vitalismo y del nudo racionalismo, Ortega crea la noción de razón vital. Ésta valora la racionalidad, pero es consciente de sus raíces en las necesidades vitales, y la pone al servicio de la vida, que es la realidad auténticamente radical. Esta radicalidad de la vida, no obstante, en el hombre exige un saber, que es un saber a qué atenerse, y éste es el fundamento de la razón. La noción de un saber a qué atenerse va unida al perspectivismo y circunstancialismo. Pero tomada abstractamente, la fusión de una razón vital como la descrita con el perspectivismo, podría dar lugar a una concepción relativista, bien lejana de las tesis orteguianas. Pero es que dicha fusión debe efectuarse de manera concreta, y la concreción de ambas nos la proporciona la historia. Por esta razón, la razón vital se constituye como razón histórica, ya que el hombre no tiene naturaleza, sino historia. De esta manera, Ortega supera el punto de vista meramente biologista de la racionalidad que tan en boga estuvo entre varios seguidores de las corrientes vitalistas de su época.
5.- EL TEMA DE NUESTRO TIEMPO. 
La razón vital e histórica permite a nuestro autor desarrollar su propio historicismo.
Una generación es un conjunto de personas que no sólo son contemporáneas, sino que son propiamente coetáneas y que comparten entre sí una serie de valores, experiencias, formas de vida y, en general, un "aire de familia", de forma que sus afinidades son superiores a sus posibles discrepancias. En una época coexisten diversas generaciones ya que, en general, una generación se separa de otra por un espacio de tiempo de más o menos quince años (infancia de 1 a 15 años; juventud, de 15 a 30; madurez, de 30 a 45; madurez en el poder, de 45 a 60, y vejez). La vida social es una actividad comunitaria, que debería estar regida por el liderazgo intelectual de los mejores, en una concepción aristocrático-intelectual que da un papel relevante a las minorías intelectuales selectas, no a las masas, cuya rebelión sin dirección comporta la quiebra de la sociedad y la caída en la inautenticidad. El gran peligro para la historia es que las elites intelectuales no sepan ejercer su liderazgo, y que las masas no tengan el ejemplo adecuado a seguir. Esta concepción, no obstante, no debe entenderse de manera trivial. Para Ortega la minoría selecta no se confunde con las clases burguesas dominantes, ni la masa equivale a la clase trabajadora. Hay hombres masa en todos los estratos sociales, y puede haber minoría capaz de liderazgo también en todos ellos. Se trata más bien de una minoría de liderazgo moral e intelectual capaz de poner en entredicho las creencias para sustituirlas por ideas.
6.- CONCLUSIÓN. 
La obra de Ortega, además de la gran influencia que ha ejercido sobre la filosofía española, y que ya hemos destacado, también ejerció un notable influjo en la filosofía alemana (Heidegger), y de determinados planteamientos existencialistas, por ejemplo, en su concepción de la autenticidad y de la inautenticidad: la vida auténtica implica conocer y asumir su "circunstancia", de forma que el yo pueda coincidir consigo mismo; mientras que la inautenticidad es provocada al caer en el marasmo de las sensaciones y se manifiesta en la "masa" impersonal. También Ortega declara el carácter irreductiblemente libre del yo abierto al mundo: "somos libres a la fuerza" (estamos "obligados a ser libres", diría Sartre).

Redacción

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